Hay días en los que hasta las noticias deportivas, las de ámbito general lo hacen continuamente, te hacen perder el más mínimo crédito en la bondad del ser humano. Días en los que te paras a pensar sobre si el hombre es más animal o más racional, sobre si la violencia es intrínseca a la especie, o sobre si la educación es incapaz de domesticar los instintos más primarios de los seres humanos.
Por su puñetera culpa se suspenden o aplazan partidos, se impide viajar a la afición visitante, se aumentan las obligaciones en los accesos a recintos deportivos,… y, lo peor de todo, se tiñe de sangre el mundo del deporte. Con la maldita violencia… ¡perdemos todos!
Al hilo del artículo de ayer, que algunos aficionados del equipo rival reciban a los jugadores del Sevilla F.C. con el cántico “Sevillanos, yonquis y gitanos”, ¿se puede considerar racismo? ¿También habría que sancionarlos? Interrogantes que surgen cuando las normas no están bien reguladas y se toman medidas arbitrarias… ¡y lo que nos queda por ver!
En dos ocasiones hemos tratado el tema del racismo en el fútbol y la forma de combatirlo, y sigo sin entender las medidas que se toman. No entiendo el motivo por el que un insulto o menosprecio por la condición sexual, religiosa o física, es menos importante o hiriente que uno por causa racial. ¿Por qué sólo se penalizan los insultos racistas? ¿Lo punible no debería ser la ofensa, independientemente de su motivación?
Hay que ser muy valiente, o un poco irresponsable, para ir a un estadio de fútbol con la camiseta del eterno rival. Más aún cuando vas sólo en compañía de un amigo y encima ¡no juega tu equipo! ¿Qué sentido tiene presentarse en el Camp Nou con la camiseta del Real Madrid cuando juegan el Barcelona y el Almería? O se han perdido (que ya es mala suerte porque podían haber dado con el campo del Español, equipo más cordial con el Real Madrid) o sus amigos les han ganado una apuesta, o buscaban un fin propagandístico… no se me ocurre otra explicación.
Cualquiera con un mínimo sentido común entiende que, por desgracia, algún problema va a encontrar en esa situación. Y no es cuestión de la camiseta del Real Madrid, ni del estadio del Barcelona, ni tan siquiera del fútbol, esto también sucede en otros estadios y en otros deportes. Es cuestión de que cafres que no saben respetar otros colores, que no entienden el deporte con deportividad y que se sienten agredidos “por una prenda de vestir”, los hay en todos los sitios.
Ojalá se pudiera ir a cualquier estadio o ciudad con la camiseta de tu equipo favorito, debería ser lo más normal, pero lamentablemente no se puede. ¿Quién se arriesga a encontrarse con un animal irracional al que un escudo que no es el suyo le hace aflorar los instintos más primarios y violentos? Yo, desde luego, no.
Ya iba siendo hora de que reconocieran los méritos de la afición española que sigue la Fórmula 1. Por fin un colectivo, la prensa inglesa, ha tenido a bien otorgar un galardón a los aficionados españoles a la Fórmula 1: el calificativo de paranoicos. Mi más sincera enhorabuena a todos los aludidos, entre los cuales me incluyo, por supuesto, ya que cumplo los 2 requisitos: soy español y aficionado a este deporte.
Aunque todavía habrá que mantener la calma porque no está confirmado que el premio se haya concedido. Parece que dos periódicos ingleses, Daily Telegraph y Daily Mirror, han sido los causantes de la noticia, pero aún no se descarta que haya sido un falso rumor producto del deseo de los medios españoles por hacer nuestra semejante distinción.
Con toda la prudencia del mundo, mientras que no se confirme la noticia, es muy de agradecer que la prensa, tanto la inglesa como la española, involucren a los aficionados en el final de una temporada tan limpia, deportiva y respetuosa, perfectamente personificada en la fraterna amistad entre Lewis Hamilton y Fernando Alonso. A 5 días para conocer al campeón, no hay nada como cuidar y hermanar a las aficiones. ¡Buen trabajo! ¡Good job!
Hace una hora que ha terminado el partido de España contra Letonia y… hemos ganado2-0, punto. Poco más ha transmitido la selección en el partido de hoy. La misma sensación que deja una serie o concurso televisivo, que uno ve como mero entretenimiento porque no hay nada mejor que ver, y de lo que posteriormente uno se arrepiente por no haber elegido un buen libro, trabajar delante del ordenador, salir a dar una vuelta, dormir…
Ni rastro de buen juego (por decir algo… destacaría el juego por bandas, pero por decir algo), ni la más mínima emoción, ni conexión con el público, ni interés (desde luego por mi parte y pongo en duda que por la suya). Pero, y aunque parezca mentira, lo peor no ha sucedido en el campo (aunque siempre hay quien nos gane): al acabar el partido, ningún integrante de la selección española ha hecho declaraciones a la prensa (excepto Cesc, Joaquín y los capitanes Casillas y Albelda). Ni siquiera el seleccionador ha dado la correspondiente, que no obligatoria, rueda de prensa.
Intentaré no escribir lo que pienso hasta conocer sus motivos (deseando estoy de ver las imágenes y oír sus razones), ¡quizá los periodistas han entrado al vestuario al finalizar el partido y les han robado la cena! Aún así, no creo que sea el camino más indicado para reenganchar a la afición con este equipo. Habrá que esperar a mañana.
Con este panorama, no hay duda de cuál es lo mejor que ha hecho la selección en Asturias: el seleccionador, único y peculiar como siempre, dando ánimos al jugador del Oviedo Juan Luis, que se lesionó de gravedad en su rodilla derecha la semana pasada. ¡Esto sí que es digno de una selección!
A pesar del título, no me refiero a la Liga de fútbol que acaba de terminar. Estos clubes son 3 de los protagonistas, entre otros muchos, del fin de semana deportivo. El Sevilla FC por su victoria en la final de la Copa del Rey de fútbol ante el Getafe CF. Enhorabuena por el título y por la temporada que han realizado: Supercopa de Europa, Copa de la UEFA, 3º en la Liga y Copa del Rey. Para que luego digan los “equipos grandes” que no se puede estar en 3 competiciones hasta el final de temporada, claro que para conseguirlo hay que correr y entrenar demasiado…
También hay que felicitar al Real Madrid de baloncesto que ha ganado la liga ACB. Impresionantes todos los partidos de la final por juego, emoción, intensidad, lucha… no podía ser de otra forma teniendo en cuenta que la jugaban el Real Madrid y el FC Barcelona. Y, al contrario que en el fútbol, no creo que haya muchas dudas sobre el juego del campeón o sobre sus méritos para conseguir el título: empezaron con 13 victorias consecutivas, un juego de equipo brillante, entrega, trabajo, campeón de la ULEB, superación de varios jugadores lesionados, finalista de la Copa del Rey… y un entrenador ejemplar, Joan Plaza, que merece mención aparte (así que en breve habrá que hablar de él).
Y por último hay que felicitar al FC Barcelona y no sólo por ser finalista de la ACB. Hay que felicitar a sus aficionados del Palau Blaugrana por el comportamiento que han tenido hoy al final del partido. Tras pensar “¡y ahora los jugadores del Real Madrid corriendo al vestuario!”, me he llevado una gran sorpresa al ver a los jugadores madridistas saltando en el centro de la cancha y celebrando normalmente el título sin ningún problema. No nos vamos a engañar, no es fácil digerir la victoria de un título del eterno rival en tu casa, pero a ver si nos damos cuenta, ¡de una puñetera vez!, que no es más que deporte y que nada engrandece más a una afición que el respeto por el rival. ¡Qué cunda el ejemplo!
Un día como hoy es casi obligatorio escribir sobre la final de la Liga de Campeones de fútbol entre el Liverpool y el Milan. Y, como es casi obligatorio, lo haré a pesar de haber visto sólo los últimos 10 minutos del partido. Así que… que nadie espere un análisis táctico pormenorizado de los planteamientos de cada entrenador y los cambios realizados.
Visto lo visto, es la primera vez que no me importaría estar en el equipo perdedor (aunque evidentemente prefiera estar en el ganador). Y no es porque no me guste el fútbol italiano o el Milan, ni mucho menos, pero hay algo en el Liverpool que lo hace especial, algo que hace sentir, que hace vibrar, que pone los pelos de punta… y es su afición cantando su himno “You’ll never walk alone”, “Nunca caminarás sólo”.
Hoy han perdido, sí, pero ahí han estado al final del partido, de pie, con sus bufandas estiradas y cantando a sus jugadores que no están solos mientras éstos recibían la medalla de subcampeones. Y puede que la derrota en una final de la Liga de Campeones sea la derrota más fácil de acompañar por una afición, pero tiene algo diferente. No sé si es el himno, la afición, el equipo, o todo junto, pero si pudiera… daría mi reino por escuchar, desde el centro de Anfield, a la afición cantando que nunca caminaremos solos.
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