Leí hace un par de días como Roger Goodel, comisionado de la NFL (Liga de Fútbol Americano), había decidido suspender por 8 partidos (reducibles a 6) a un jugador de la liga, Tank Johnson (jugador de los Chicago Bears). Parece que el “angelito”, tras haber sido arrestado en posesión de una pistola en el año 2005 y de ser acusado de agresión y resistencia a un arresto en 2006, no había perdido el gusto por las armas de fuego y guardaba, sin licencia, media docena de ellas en su casa.
Así que en un primer momento me pareció una muy buena medida la tomada por la NFL, incluso bastante leve. Pero como las armas de fuego tienen otra “reputación” en Estados Unidos y la gente parece más acostumbrada y tolerante hacia ellas… pues 8 partidos están bien. Pero resulta que su castigo no es sólo la sanción deportiva, sino que también tuvo que cumplir 60 días de cárcel por violar su probation (algo así como un periodo a prueba, pero en libertad, por haber cometido algún delito).
Y es entonces cuando ya no lo veo tan bien. Entiendo que es un personaje público, incluso ídolo de masas (si es que alguien puede admirar a un personaje así), pero ya es bastante castigo el estar en la cárcel 60 días, o los que establezca la ley que tenga que estar. Cumpliendo además el fin educador y ejemplarizante ya que todo el proceso ha sido público, sobre todo su condena.
Y lo entendería si en todos los trabajos se actuara de la misma forma: cometes un delito, te juzgan, te condenan, cumples la condena y al salir… sin empleo durante una temporada. Perfecto. Pero como no es así ni en cargos públicos, ni en otras profesiones con fuerte poder mediático… no creo que sea justo que los deportistas sí tengan que ser castigados por partida doble.

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