Tenemos, desde hace poco tiempo, una nueva jugada en el fútbol cada vez más habitual, sobre todo en las fechas en las que estamos. En estos días los jugadores la ensayan una y otra vez hasta realizarla con una perfección asombrosa. Y aunque no estoy muy de acuerdo con su utilización, reconozco que a los futbolistas les proporciona un gran beneficio.
Todavía no la han bautizado: no es ni un caño, ni una cola de vaca, ni un sombrero… Pero si de mí dependiera, creo que el nombre más apropiado sería el de “butifarra” o “corte de mangas”. Me estoy refiriendo a esa regate en el que un jugador, con contrato en vigor, realiza un “corte de mangas” a su propio equipo para que le mejoren ciertas condiciones del contrato que él mismo firmó no hace mucho tiempo. Con la amenaza de no jugar, o de no hacerlo a un buen nivel, extorsiona a su club para que le suban el sueldo o para que le rebajen la cláusula de rescisión, y así facilitar su salida del equipo.
Parece que no tienen muy claro lo que significa firmar un contrato con todas sus obligaciones. Aunque, como casi siempre, los culpables no son ellos, ¡pobres niños!, sino los “papás-directivos”, que además de consentirlo lo fomentan cuando el jugador pertenece a otro club y lo quieren fichar. Así que en el pecado… llevan la penitencia.

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