¡Qué rápido se acaba lo bueno! Ya nos avisa el tango “que 20 años no es nada”, así que 10 días… no dan ni para ser consciente de que se está de vacaciones. Y como todo ha salido según lo establecido, hoy volvemos Desde la grada después de unos días disfrutando, y también sufriendo, para qué negarlo, encima de una bicicleta.
Y tras esta semana, aceptando que uno se vuelve más sensible y cercano a un deporte tras practicarlo con asiduidad, e incluso asumiendo cierta pérdida de objetividad, no puedo por menos que hablar de ciclismo y de los ciclistas. Se me queda pequeña la palabra “admiración” para describir el sentimiento hacia estos héroes de la carretera. Y no sólo por las grandes vueltas de 3 semanas (con sus más de 3000 kilómetros y sus etapas de alta montaña), ni por las clásicas de un día, ni por los campeonatos mundiales… sino, además, por jugarse la vida en cada entrenamiento.
El Sábado, en Tenerife, uno de estos héroes de la carretera de tan sólo 16 años moría atropellado mientras entrenaba. No sé si la culpa fue del ciclista, algo improbable, o del vehículo, pero es lo de menos. Cuando alguien se sube a una estructura tan frágil e inestable como una bicicleta, siente una impotencia, una rabia y un miedo a perder la vida ante todas y cada una de las alegres e impunes imprudencias de ciertos conductores: camiones y autocares que adelantan a escasa distancia y a una gran velocidad (con el peligro del viento lateral que te generan), coches que te invaden el arcén en las curvas, adelantamientos para cruzarse y girar a la derecha a 1 metro escaso de la rueda delantera, la guerra abierta en las rotondas para que frenen en los accesos,… y un sinfín de actitudes inconscientes que de vez en cuando acaban trágicamente.
En vez de extremar las precauciones con los más frágiles de la carretera, en caso de peligro siempre contra el débil, contra el que menos daño nos puede causar sin tener en cuenta el que podemos causar nosotros. Por todo ello, toda mi admiración y reconocimiento a todos los héroes de la carretera: a los profesionales, las jóvenes promesas, los aficionados… y, por supuesto, a “la bicigrina” (por poner el plato grande).

Binvenido! Espero que el ‘tour’ haya sido divertido y el esfuerzo mereciera la pena
Hola el compañero se llamaba Nicolas Armador, y fue imprudencia de el ,pero eso no le contraresta importancia a lo sucedido ,puesto que si nosotros estamos atentos a los fallos de los conductores, estos tambien deverian de tener la misma prudencia con los fallos nuestros. saludos