Parece que la UEFA se va a tomar muy en serio el racismo en el fútbol, hasta el punto de decidir que los árbitros suspendan los partidos en los que se produzcan manifestaciones racistas. Y está claro que es una buena medida, pero antes de afirmar que existe racismo en el fútbol, o en cualquier otro deporte, habrá que aclarar lo que es una manifestación racista.
Que un fulano se levante de su asiento y grite exaltado a un jugador rival “negro de mier…” está claro que es mezquino, pero… ¿racista? Es igual de racista que cuando, dependiendo de las características del jugador, suelta un “enano de mier…”, un “marica de mier…” o un “drogadicto de mier…” da igual, lo de menos es el adjetivo. Lo único que pretende es insultar y desconcentrar al rival. Por supuesto, es una actitud totalmente reprobable, pero siempre, no sólo cuando le llama negro. Obviando que es el mismo fulano el primero que aplaude y anima a los jugadores negros de su equipo… e incluso al rival insultado alabaría si estuviese en su equipo.
Así que tolerancia cero con el racismo, sí, pero con el de verdad, no con estos insultos chabacanos que están vacíos de significado y poco tienen que ver con el racismo. Y si queremos acabar con éstos, hagámoslo con todos, y en cuanto se menosprecie a un jugador… final del partido. Lo que no es normal es que se permita mentar la madre, la familia, los difuntos, la opción religiosa, sexual, política, el defecto físico de turno o incluso el color de los cuernos que te ha puesto la pareja… pero el de la piel ni insinuarlo. Hombre, me van ustedes a perdonar, pero el racismo es otra cosa.

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