Mientras en otros países, y sobre todo en otros deportes (da pena oír noticias de ciclismo), se persigue sin descanso ni tolerancia a cualquier sospechoso de haberse dopado, de inducir a ello o de traficar con sustancias prohibidas, en el fútbol español vamos a contracorriente.
Leo en la columna de Alfredo Relaño en el As que la AFE (Asociación de Futbolistas Españoles) pide el indulto para el jugador del Athletic de Bilbao Carlos Gurpegi, que fue sancionado con dos años de suspensión por dar positivo a la nandrolona. Y estoy de acuerdo con él en que el máximo responsable de ese positivo no es él, si no el médico que se lo prescribió (aunque sería mejor decir el traficante que se lo suministró), pero de ahí a quitarle toda la culpa al jugador va un abismo.
No considero que ningún deportista, y más en los tiempos que corren, sea tan inocente e ignorante como para no saber lo que se está tomando o inyectando. Pero entre la confianza en el médico, facilitar la recuperación, intentar mejorar el rendimiento sea como sea… pues se toman unos riesgos que luego hay que pagar. En primer lugar el médico, en segundo lugar el entrenador o director deportivo, y por último el deportista. Y en el fútbol español igual que en el ciclismo francés o el atletismo venezolano.
Y o nos dejamos de silencios cómplices, hipocresías, indultos, perdones, casos archivados… o dejamos que cada uno tome lo que quiera y que juegue con su vida a la ruleta rusa.

0 Respuestas a “La lacra del dopaje”